Cuenta una auxiliar de abordo

Volé muchísimas horas con excelentes equipos en Aerolíneas Argentinas

En Agosto de este año se cumplieron 40 años de mi ingreso como Auxiliar de abordo en Aerolíneas Argentinas. Esa experiencia laboral es la mejor de mi vida.
Volar fue una pasión que no olvido. Un trabajo de grandes exigencias, muchas programadas y otras totalmente sorpresivas en las que debíamos aplicar todo lo aprendido en los cursos y además en nuestra capacidad de resolver situaciones de momento.
Fue una empresa en la que sentí que el personal era respetado, considerado y valorado por su trabajo. Una etapa importante de mi vida que recuerdo con orgullo y alegría.
Anécdotas a montones. La mayoría lindas y algunas no tanto. Pero para éstas últimas contábamos con la tranquilidad de saber que volábamos con excelentes comandantes que velaban por nuestra seguridad y la de los pasajeros. Si tenían que demorar la salida de un vuelo por no estar dadas las condiciones o porque nos derivaban a otro aeropuerto, lo hacían con total seguridad y eficiencia y tranquilidad aun que los pasajeros no siempre entendían que las medidas que tomaban eran para asegurar la seguridad ante todo.
El “mito” de las azafatas… es justamente eso, un mito. Muchas teníamos nuestras familias, otras compañeras cursaban carreras universitarias y había consideración de parte de todos empresa y compañeros/as para que pudiéramos cumplir de la mejor manera todas nuestras obligaciones.
Y ahora les cuento algunas anécdotas:
Primer vuelo… bromas y chascos de compañeros y comandante. Eso permitió relajarme ante mi primer día de trabajo y causaron risas y festejos que fueron compartidos con los pasajeros. Inolvidable. El primer vuelo, una experiencia que nunca olvidaré. ¡Y sin volcar nada!
En una “Guardia” (obligación de estar disponible y atenta para un vuelo no programado) me vinieron a buscar para realizar un vuelo sin conocer el destino. En Aeroparque, resulto que íbamos a Ushuaia con pernocte, ¡pleno invierno! Como no había llevado ropa de cambio, cuando fuimos a cenar le pedí el pantalón de repuesto del uniforme ¡al comisario! Era de noche y con el tapado largo no se notaba el problema.,
Fue una etapa muy feliz. La primer Posta (viaje de ida 1 día y vuelta al día siguiente) en Mendoza no fue fácil dejando una hija de un año por primera vez. Calmé mi culpa de dejarla, haciéndole los souvenirs para su primer cumpleaños.

 

Miedos... a veces sí:
Por ejemplo en un vuelo de noche teníamos que ir San Pablo. Como había mucha tormenta, tuvimos que desviar a Rio que tiene mejor pista para aterrizar en esas condiciones climáticas. Aterricé en la cabina del comandante. Nadie hablaba, todos en silencio respetando el momento de tensión del comandante y del copiloto. Cuando finalmente aterrizamos, y el comandante “respiró”, le pregunté si él veía la pista, porque yo no veía ni las luces de la pista. Me contestó: No, pero si no aterrizábamos acá no aterrizábamos en ningún lado. ¡Y tuvimos un aterrizaje perfecto!
En otro vuelo a Mar del Plata en la ruta de vuelo indicada veíamos una tormenta eléctrica importante y a pesar que de la torre le indicaban que siguiera , el comandante decidió no hacerlo y volver a aeroparque, los pasajeros protestaron y mucho, pero las azafatas, con paciencia y sonrisa logramos la calma de los pasajeros.
Ahí me di cuenta de la importancia de la capacidad que debemos tener las Auxiliares de abordo para contener a las personas en situación de estrés. Siempre que se viaja en avión ya sea por placer, o cualquier otro motivo, se genera estrés. Lo importante es que toda la tripulación está muy bien entrenada, haciendo su trabajo con seguridad e inteligencia.

 

Disfruten de su próximo viaje.


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