Juan Cruz de Urquiza

 

“El jazz busca todo el tiempo una mayor libertad”



Acaba de presentar su último trabajo discográfico “Lentes”, en noneto, y ya está trabajando en nun nuevo proyecto con sus hijos Sebastián y Tomás.


Sin duda uno de los referentes del jazz argentino es el trompetista Juan Cruz de Urquiza, un talentoso músico cuyos proyectos dejan en evidencia un continuo proceso de desarrollo en su enfoque musical. En efecto, su último trabajo, en septeto, “Lentes” señala un interesante cambio hacia estructuras más abiertas en las que la improvisación toma un espacio protagónico. “Este disco pone de relieve una forma diferente de escribir, hay una mayor libertad para la improvisar que se destaca también por un ensamble tímbrico de mayor riqueza. En definitiva, el jazz busca todo el tiempo una mayor libertad”, dijo el músico durante la charla con Costa Urbana.


La música de Lentes (2018) tiene elementos de jazz contemporáneo, abierto en sus improvisaciones, sólido en los arreglos melódicos y con una sección rítmica de una versatilidad contundente. El disco tiene un tono conceptual dominado por un clima fresco, casi como un tributo a aquel maravilloso trabajo de Miles Davis, en 1949, “Birth of The Cool”, aunque con líneas armónicas de una moderna arquitectura. El trabajo del líder está dado esencialmente por las composiciones ya que Urquiza aprovecha la riqueza de septeto para desarrollar diferentes climas, sin necesidad de apropiarse del protagonismo. Formado por Lucas Goicoechea en saxo alto, Pablo Moser en saxo tenor, Franco Espíndola en trombón, Juan Filipelli en guitarra, Sebastián de Urquiza en contrabajo y Sergio Verdinelli en batería el grupo transmite una filosa emocionalidad. Un trabajo de una elegante sonoridad en la Urquiza define su presente a través de la riqueza de sus composiciones.

 

Urquiza fue uno de los fundadores del Quinteto Urbano, uno de los grupos que marcó el camino a finales de los años noventa, a través de un repertorio de música original que sobresalió por su concepto armónico-rítmico cercano a los standards pero con identidad propia. “El grupo fue un espacio compartido con Oscar Giunta, Rodrigo Domínguez, Diego Schissi y Guillermo Delgado en el que coincidíamos con la forma de hacer jazz, de hacer música original y creo fue un aporte interesante para abrir la escena jazzística a la composición”, señaló Urquiza, que tras el lanzamiento de “Lentes”, comenzó a trabajar en el material para hacer en trío con sus hijos, Sebastián, en contrabajo y Tobías, en batería.


Urquiza viene de una familia donde la música estaba muy presente. “El contexto musical en el que crecí era muy musical, mi tío abuelo era trombonista y había tocado en los Rhythm Makers, una banda de hot jazz, en la que, por ejemplo, tocaron el Chivo Borraro, el Bicho Casalla y otros”, contó el músico que comenzó en el instrumento de la misma manera que el legendario Chet Baker. “A los diez años me regalaron un trombón, pero por mi tamaño no podía maniobrarlo, entonces, lo cambiaron por la trompeta”, recordó.

 


 

En su adolescencia el instrumento tuvo una atención intermitente; en un tiempo la dejó por la guitarra pero a los 19 años, finalmente, se decidió por la trompeta. Estudió con Carlos Valmaceda, de la Porteña Jazz Band, con Wilfredo Cardoso, músico de la Filamónica Nacional, con Fats Fernández y con Américo Belloto, dos reconocidos  músicos de la escena, de una generación anterior y que abonaron su amor por el jazz. Tras su paso por Bercklee, a comienzos de los noventa, donde estudió con Jerry Bergonzi y Herb Pomeroy, entre otros, regresó a Buenos Aires para formar parte de una joven escena que buscaba encontrar dentro del género su propia identidad.


Tras el Quinteto Urbano, comenzó en 2002 su carrera como líder. Formó un cuarteto con Miguel Tarzia en guitarra, Mariano Otero  en contrabajo y Daniel “Pipi” Piazzolla en batería con el que sacaron dos trabajos “Este lado” y “Vigilia”, discos que revelaron el crecimiento de este músico como intérprete y compositor. “Fue una etapa en la que me alejé de las raíces jazzísticas para hacer una música que tenía una estética más moderna en cuanto a composiciones; hay guitarra eléctrica y efectos en la trompeta y una sonoridad muy diferente a los que venía haciendo con el Quinteto Urbano; no quise que sonase como continuación de aquella propuesta”, admitió el músico que al tiempo dirigió la orquesta de Ligia Piro, propuesta que quedó plasmada en un  excelente disco “Strange Fruit”.


Urquiza es uno de los artistas dentro del jazz que lejos de establecerse en un estilo tiene un espíritu exploratorio. Su tono resplandeciente, su sentido de la improvisación y un ataque punzante lo ubican como  uno de los grandes trompetistas del jazz en la Argentina; por otro lado, su tarea docente deja una huella profunda en los instrumentistas más jóvenes como Mariano Loiácono. Tocó con Paquito D’Rivera, Fred Hersch, Marc Copland, Guillermo Klein, Chano Domínguez y Chucho Valdés, entre otros y sesionista de Caetano Veloso, Lalo Schifrin, Deep Purple, Los Redonditos de Ricota, Mariano Mores, Andrés Calamaro, Olga Guillot y Armando Manzanero, entre muchos más.


En los últimos años, Urquiza trabajó sobre diferentes proyectos como “Trías”, en cuarteto con música original el debut de su hijo Sebastián de Urquiza en el contrabajo. “Fue regresar a la composición tras el paso como director y arreglador de la orquesta. Necesitaba sentarme con mi música y poder desarrollar esas ideas que venía acumulándose”, agregó el músico.
En 2012 hace un alto en la composición para dedicarse a arreglar la música de uno de sus artistas admirados, Charly García, de la que sale un disco impecable, “Indómita luz” en noneto con una fuerte sección de vientos e improvisaciones que realzaron esta propuesta. Vendrá luego “Convivencia”, nuevamente en cuarteto con música original. y el año pasado lanzó “Lentes”, una propuesta que se luce tanto por sus composiciones de una filosa sensibilidad y en el que la improvisación es un elemento central en la interacción del septeto, formado por Lucas Goicoechea en saxo alto, Pablo Moser en saxo tenor, Franco Espíndola en trombón, Juan Filipelli en guitarra, Sebastián de Urquiza en contrabajo y Sergio Verdinelli en batería.

 

Sobre su presente, Urquiza señaló que seguirá presentando su último trabajo con el septeto y adelantó que próximamente se lanzará en trío con sus hijos Sebastián y Tobías en un proyecto que incluye clásicos y material original. “Es un trío que nació en casa y que a medida que fuimos explorando diferentes clásicos del género nos fuimos dando cuenta de que teníamos un sonido particular; una expresividad distinta que nos permite abordar los standards con otro mirada; como también hacer música original que estamos componiendo con Sebastián”, concluyó el trompetista.

 


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