Milenarios secretos Gourmet

 

La milanesa

En medio del barroco europeo surgió la moda entre los ciudadanos acaudalados de forrar sus muebles y decoraciones con láminas de oro. Esta moda llegó hasta el extremo de proponer el oro como elemento curativo (claro, de las enfermedades de los ricos) y también como elemento decorativo para algunos potajes que, humeantes, invitaban a devorarlos.  Pero pronto se dieron cuenta del terrible daño de comer oro, para la salud…y el bolsillo.
Fue entonces que algún práctico cocinero de la época se le ocurrió simular el brillo del oro con una mezcla de huevo y pan rallado.
Al principio se aceptaba que la carne empanada había nacido en Viena, ya que un antiguo clásico de la cocina antigua- el schnitzel- es muy parecido.
En 1848, el mariscal de campo Johann Josef Wenzel Anton Franz Karl graf zu Radetzky von Radetz (Radetzky para los amigos) noble de Bohemia que combatió en el bando prusiano durante las Guerras Napoleónicas, le transcribió a un amigo la primera receta de lo que él llamó “cotolette alla milanese” o costillas a la milanesa.
La realidad es que hasta 1900, en los menús de Europa, incluida Italia, la preparación figuraba con su nombre austríaco, “escalope a la viennoise”. Pero fue con el tiempo que, poco a poco, logró imponerse el apelativo italiano de simplemente “milanesa”, porque allí comenzó a considerárselo un plato deseado por todos, adquiriendo fama internacional.

 

La papa frita

Hace dos mil años -almanaques más, almanaques menos- los habitantes del hoy Perú, ya comían raíces de un tubérculo al que llamaban “papa”. A la llegada de los adelantados españoles, la novedad alimenticia adquirió sumo interés. Dicen que fue Cristóbal Colón el que, entre chucherías, oro y plata que le regalaban los originarios del nuevo continente, alguien le alcanzó, traído desde el sur, este tubérculo que iba a adquirir gran fama.
Esta es una historia bastante conocida pero,…¿quién inventó las papas fritas tal como hoy las comemos.
Parece ser que allá por 1853 un cocinero indo americano llamado George Crum, preparo un exquisito manjar acompañado de una guarnición de papa natural. Pero uno de sus exigentes clientes, rechazó de mala manera la papa por su gusto insulso. Harto, enojado, muy malhumorado, el tal George, o Jorgito, tiró sus papas, muy desilusionado, en aceite hirviendo.
Así, sin darse cuenta, como sucede en la mayoría de los inventos culinarios, creó una de las recetas más deliciosas de todos los tiempos. El cliente despótico era nada menos que el famoso magnate ferroviario europeo Cornelius Vanderbilt, quien quedó tan maravillado por las papas fritas, que impuso el plato en los salones comedores de sus trenes, otorgándole una inusitada publicidad en todos los países del viejo mundo.

 

El Ketchup

Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra Ketchup, proviene de koechiap (ver que va una pequeña v invertida, arriba de la o), vocablo chino que significa salsa de pescado en escabeche o salmuera.
Sus creadores, los habitantes de la isla Amoy, lo utilizaban como acompañamiento de diversas comidas.
A finales del siglo XVII el nombre “ketchup” y quizás también algunas muestras del producto, llegaron a Inglaterra, donde el término apareció publicado por primera vez en 1690.
Pero el ketchup moderno fue ideado por el norteamericano Henry J. Heinz, quien en 1876 añadió el tomate en dicha salsa.
A la edad de 25 años, en un país en el que la industria de las conservas estaba poco desarrollada y en plena depresión económica, Heinz introdujo una gama de productos que incluía salsa de diferentes tipos: vinagre, manteca de manzana, conserva de frutas en almíbar, mostaza, sopas de tomate, coliflor, cebollas en vinagre, judías cocinadas y, por su puesto, el ketchup, idea con la que se hizo millonario.

 

Cacho Lemos



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